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Acerca del miedo.

Es un algo viscoso que nos paraliza. Tan sutil y escurridizo que solemos pensar en el miedo como algo de la infancia y de acontecimientos masivos. Claro que se siente miedo ante un fenómeno natural. Y ante algún monstruo de la infancia.  Pero no se piensa con seriedad en el miedo que se le tiene a algo como dejar las rutinas, soltar lo conocido, e incluso aproximarse a otra persona con la que no se ha tratado nunca. ¡Y cuánto miedo hay en las relaciones humanas! Aún entre aquellas que son cercanas en términos sanguíneos. Por miedo dejamos tanto, decimos tanto, callamos tanto, y terminamos esclavizados, creyendo que somos felices y que estamos completos. Y creo que es justo esta ignorancia de cómo el miedo está tan propagado -externa e internamente-, lo que nos hace blancos fáciles de caer en un juego siniestro donde solo somos peones, y me refiero a esto que llamamos vida: infancia, educación predecible; adolescencia, consumo masivo, querer ser como los demás; juventud, estudios...

Nuevo año, diversas consideraciones.

      Es un nuevo año, ciertamente. Me ha sorprendido en sus incontables novedades (nuevo país, nuevas costumbres, nuevas personas, nuevas emociones... aunque estas últimas no son tan nuevas en verdad). Estos cinco meses fuera de Venezuela han transcurrido en medio de la adaptación, la buena compañía, la sensación de no pertenecer y el deseo de construir un espacio donde tenga la ilusión de pertenecer. Estar afuera, tal como lo sospeché, de mi cuenta ya, ha hecho surgir una Yo que desconocía, aunque no la desconocía del todo. Es una mujer impetuosa, decidida, y tan vulnerable como nunca lo fue en toda su vida dentro del hogar materno. Ha aprendido que esa vulnerabilidad es engañosa, porque no la abate, sino que le da más fuerzas, la hace peligrosamente más fuerte.     El mundo en que me muevo, laboral, social, en líneas generales es mezquino, tan aferrado a sus tradiciones, a sus vidas conocidas; pero cuando veo esto, me digo que así era yo también cuando vivía...

De cómo te conviertes en ciudadano del mundo.

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          El mes de julio se me fue en un suspiro a causa de los viajes por el occidente del país que estuve realizando, despidiéndome de amigos, épocas, historias, anécdotas, experiencias y pedazos de mi vida que son inolvidables. Todo esto a causa de que estoy en vísperas de marcharme de Venezuela, alzar el vuelo, independizarme y construir una vida más completa, a mi medida, con las cosas que mis padres, familia y amigos me han aportado para ser un humano integral.          Despedidas, cierres, reencuentros, celebraciones, lágrimas, tristezas, alegrías, momentos agridulces, todas estas palabras caracterizaron mi Julio 2015 y siempre lo recordaré. Así como siempre recordaré este país que tantas cosas hermosas me dio.  Salir de tu país de origen necesariamente te convierte en un ciudadano del mundo; confieso que esto no me asusta tanto como el hecho de estar lejos de mi mundo social conocido hasta ahora, pero sí es algo que está ...

A propósito de las legalizaciones de matrimonios homosexuales.

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Y sí, este es un tópico que en algún momento iba a tocar puesto que forma parte de mis creencias, de mis pensamientos, actitudes, gustos y de quién soy. Sin embargo, en esta ocasión no lo haré de manera directa sino colateral. Hay una página que me resulta interesante y enriquecedor (y que en lo que termine de redactar esta entrada voy a colocar entre mis páginas seguidas y recomendadas), que tiene una perspectiva religiosa que desafía la religión. El único detalle para mis lectores hispanohablantes confinados al español, es que está en inglés.  Sin embargo, lo que copiaré acá es la traducción de una de las entradas que más me impactó (pues se parece a mi propio pensamiento) en torno al debate surgido por la aprobación de los matrimonios homosexuales en Estados Unidos. El contexto es norteamericano, y los evangélicos a los que se dirige el autor, son norteamericanos también. Sin embargo, mucho de eso salpica a los evangélicos de todo el orbe, y por eso decidí traducirlo: es un...

Reflexiones sobre mi labor como docente (Última parte)

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        Estos 3 años trabajando como docente a nivel de bachillerato han tenido el peso de toda una vida para mí, y sé que es una época que atesoraré de manera muy especial en mis recuerdos. También sé que es un época donde forjé hermosas amistades y enlaces que mucho agradeceré en el futuro.         Mi tercer año en la institución comenzó como una docente que había aprendido que la lección más importante jamás aprendida, era que aún le quedaba mucho por aprender. Procuré hacer de cada encuentro, un momento significativo y lleno de valor. Había conseguido deslastrarme de muchos prejuicios, de concepciones erróneas sobre lo que significa el acto educativo, y me obligué a ir más allá, me reté a trasponer mis límites. Lo fundamental para mí era considerar que estaba tratando con iguales, y que a partir de ahí procuraría construir una relación lo más equitativa posible. En ese sentido desde el primer lapso implementé un sistema en el que solic...

Reflexiones sobre mi labor como docente (Parte 3)

       Hoy, mientras hacía un trámite ministerial, pensaba en este enorme problema que comparten tanto ciudadanos como funcionarios públicos, y que también tienen docentes: la imprecisión al impartir una determinada instrucción. Este pensamiento, esta observación, me llevó al recuerdo del cierre de ese primer año académico donde yo era la profesora titular del grupo de 4to y 5to año, y todas las impresiones que esto me dejó. Yo sabía que había hecho algunas cosas de manera inadecuada, pero no lograba dar con todas ellas de manera precisa. Me repetía una y otra vez que algo debía estar mal conmigo para generar tanto desprecio en mis alumnos.  Y okey, sé que no soy moneda de oro, como decimos, para caerle bien a todos mis alumnos, pero algo estaba proyectando yo que causaba en mis alumnos ese irrespeto y maltrato que me prodigaron aquel año.      Toda esta reflexión y autoexploración llegó motivada por un acontecimiento crucial en mi vida. Para e...

Reflexiones sobre mi labor como docente (parte 2)

Durante un momento de mi 5to año estudiamos algunas ideas de Jean Paul Sartre, y recuerdo que una de ellas se me quedó fija de las cosas que planteó en su obra literaria y filosófica: la libertad nos aterra porque implica responsabilidad. Y en este sentido, más o menos algo de terror sentí cuando estaba culminando mi último año del pregrado. Sabía que iba a estar libre de la costumbre de tener que ir a la universidad todos los días de la semana, asistir a las clases, leer los libros asignados, relacionarlos unos con otros y luego hacer consideraciones a partir de la lectura de éstos; sabía que esto me hacía feliz e infeliz al mismo tiempo, porque aprendí a organizarme de tal suerte que convertí en un beneficioso hábito el leer todo lo que me mandaban en las clases (cosa que nunca hice con tanta aplicación los 4 años anteriores). El terror, posado en la boca de mi estómago, produciéndome una sensación parecida al vértigo, me hacía temer por la siguiente etapa... ¿Y si no daba la talla?...